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MÓVIL | La conquista del reino de los miedos

A partir del 2 de noviembre y hasta el 21 de diciembre puede visitarse en Móvil la exhibición de la joven artista argentina Celina Eceiza “La conquista del reino de los miedos”, una instalación blanda y envolvente creada especialmente para este espacio que pone énfasis en su trabajo sobre telas y en el imaginario que despliega sobre ellas de figuras y formas entre oníricas, bucólicas y psicodélicas. Mezclando el humor con imágenes referentes a lo sagrado, técnicas de artesano y formas planas al estilo naïf, su obra da forma a un paisaje de abundancia y calma que concreta la posibilidad de la evasión.

Celina Eceiza: La conquista del reino de los miedos

Celina Eceiza es una de esas artistas que puede hacernos ver el paraíso en la tierra. Pero no porque busque evocar ideas ya viejas de perfección o porque convivan en sus pinturas, tal como lo hacen, todos los reinos de la naturaleza, sino porque en su obra –desde hace un tiempo, en sus telas– se despliegan con soltura, liviandad y sin jerarquías, formas y cuerpos capaces de comunicar una energía tan calma como electrizante que oscila entre el ocio y el disfrute, el acecho sin apremio y cierta bonanza que surge de la manera en que se yerguen seguros, satisfechos y libres de toda preocupación.

Fondos y figuras hacen visible, fundamentalmente, la energía de lo vivo, de una fuerza que fluye y que en sí misma parece incontenible –así lo sugieren su irregularidad y desproporción, sus formas tan llenas–. En estos cuerpos en búsqueda de equilibrio existe la posibilidad del movimiento, de transformar o de haberse transformado, de un inminente cambio de estado, de ser alimento. Parecen fluir, además, porque tienen la particularidad de exhibirse siempre en diálogo, están conectadas, apiladas, se afectan y eslabonan, brotan unas de otras, se enganchan como elefantes, de la trompa y la cola, anticipando una conexión infinita. Las gotas de lluvia y las lágrimas riegan las flores, la bebida es empujada adentro de las bocas, los pájaros llevan y traen cosas que son mensajes capaces de comunicar cielo y tierra o una tierra con otra: acercan. Incluso cuando no las vemos, entendemos que hay otras formas adentro o detrás de ellas, otros cuerpos que los estimulan, los rellenan, los nutren, los persiguen, los miran, los iluminan, los queman. En todas ellas late la capacidad de la reproducción: en los huevos, las flores, los vientres, incluso en las telas de araña que se extienden como rayos de sol o pueden crecer, como media sombras, entre las telas. En los jarrones que son a la vez formas de pan y de vino multiplicados. Unos y otros son receptáculos y conectores, como una vasija, un tronco, una rama, una mano, un sexo, una herramienta.

“Elaboro imágenes que funcionan como contemplativas del mundo y al mismo tiempo refieren a lo bajo, lo oculto, lo mítico y lo sublime, pero también a lo vulgarmente cotidiano en clave bucólica”, escribió Celina sobre su propia obra. Y continúa: “El humor y lo sagrado se mezcla con lo caprichoso hallando lugares en el encuentro de culturas y creencias, incorporando las imágenes y formas que estas toman: una carpa estilo árabe, el toldo de un kiosco, la naturaleza muerta de un pintor naif, la decoración casual o las técnicas de artesano de feria”. Esta convivencia de imágenes, de culturas, de técnicas, de diosas y de diablos, es lo que configura este paisaje de la abundancia en el que no hay hambre, no hay ansiedad, no hay debilidad ni amenazas tal como las conocemos. Donde las líneas ondulantes –que reproducen, sin forzarlo, el trazo de su dibujo casi automático–, permiten que las formas se encuentren sin lastimarse. Que se derramen con naturalidad unas sobre otras, como lo hacen los senos estrábicos de las mujeres que viven sobre estas pinturas, y que todas ellas floten plenas sobre sus fondos frescos e iluminados.

Celina Eceiza es una de esas artistas que puede hacernos ver el paraíso en la tierra porque recupera a las formas como parte de un ecosistema, natural y simbólico, que da la bienvenida a todo lo que se le presenta y donde vida y muerte se reúnen sin chocar, donde todo es fecundo, donde se integra el adentro con el afuera. Porque sus cuerpos exuberantes y libres, capaces de recibir y de transmitir energía, creadores y guardianes, están en calma. Porque su exquisitez blanda, liviana y rugosa nos permite escapar del mundo liso y firme y recordar que la capacidad de nuestras formas de ablandarse, e incluso de deformarse, es lo que les permite abrazar y abrazarse a lo que las rodea.

—Alejandra Aguado

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La conquista del reino de los miedos, por Celina Eceiza

La vida como un manjar,
el inconsciente como un tesoro,
el espíritu como un gigante,
el color como una droga,
el espacio como superficie de sensaciones,
la evasión como una posibilidad.
El capricho como un milagro creando
la dicha de la vida ascendente.

Hay un convento a la vuelta de tu inconsciente
donde vive un aquelarre de mariposas.
Toman vino y decoran con flores el lugar brindado.
Algunas están podridas
y otras floreciendo.

El mundo para evadir.
La evasión para conectar.

Un leve rocío de perfume de lágrimas
moja a las carmelitas.
Todo el mundo está ahí en medio, yendo y viniendo,
en donde cada tanto los dioses pasan sonrientes.

Una mariposa también puede ser un ángel.

—Celina Eceiza

Celina Eceiza nació en Tandil, Provincia de Buenos Aires, en 1988 y vive en Buenos Aires desde 2006. Cursó la licenciatura en Artes Visuales en la Universidad Nacional de Arte (U.N.A) de Buenos Aires. Durante sus años de estudio, se formó en los talleres de los artistas Carlos Bissolino, Pablo Siquier y Viviana Blanco. Obtuvo la Beca de Formación Artística otorgada por el Fondo Nacional de las Artes y El Centro Cultural Haroldo Conti en 2014 y en 2016 fue seleccionada para ser parte del programa de formación del Centro de Investigaciones Artísticas (CIA), Buenos Aires. Entre 2012 y 2015 coordinó el área de publicaciones de la galería Big Sur, con las que participó en ferias nacionales e internacionales, y donde también realizaba la selección de artistas visuales para la revista digital e impresa. En 2011 ganó el Segundo Premio en Proyecto A. Entre sus muestras colectivas se destacan Bienveni2, Jamaica Galería, Rosario, 2019; Consti, Galería Constitución, Buenos Aires, 2019; fiebre bot fantasma, Casa de la Cultura de la UAEM, Ciudad de México, 2018; La sonrisa del alma sin dientes, Alimentación General, Buenos Aires, 2018; Las manos en el fuego. Beca Mundo Dios, Centro Cultural Ricardo Rojas, Buenos Aires, 2015; Si supiera no lo haría, Centro de Investigaciones Artísticas, Buenos Aires, 2015; Otero VII, Espacio Otero, Buenos Aires, 2013; Señales de vida, Galería Pasaje 17, Buenos Aires, 2012. Realizó, entre otras, las siguientes exhibiciones individuales: El diablo está en una flor, Moria, Buenos Aires, 2018; No hace falta gritar, Big Sur Galería, Buenos Aires, 2015; El refugio de la memoria, Mundo Dios, Mar del Plata, 2015; La llave maestra, Agatha Costure, Buenos Aires, 2013; Rica y apretadita, Isla Flotante, Buenos Aires, 2011. La editorial Tammy Metzler publicó en 2018 su primera novela, El falsificador. Más recientemente, su trabajo ha sido seleccionado para participar de la exhibición del Premio Braque 2019 en el MUNTREF Centro de Arte Contemporáneo, Sede Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires.

https://www.movil.org.ar/celina-eceiza-la-conquista-del-reino-de-los-miedos/


Sobre Móvil
Móvil es una organización independiente y sin fines comerciales dedicada a la producción y exhibición de arte contemporáneo con especial interés en la experimentación y en acercar la práctica emergente a públicos diversos. Su principal objetivo es que artistas jóvenes puedan concebir y realizar un proyecto inédito cuyo desarrollo funcione como un momento clave en su producción. Aspira también a que cada vez más personas se familiaricen con el arte contemporáneo a través de experiencias que los conecten con éste como expresión natural de su época y mediante un programa de visitas y encuentros que se abre como un espacio de diálogo y reflexión.
El programa central de Móvil comenzó en abril de 2014 con la muestra Termo de Irina Kirchuk (Buenos Aires, 1983) y se desarrolla desde entonces dentro de cheLA, un centro autogestionado de experimentación en arte, tecnología y comunidad con sede en Parque Patricios. Nuestro programa consiste en exhibiciones individuales a las que se sumarán acciones de artistas que vinculan a la organización con la comunidad y actividades para niños y adultos.
Móvil fue fundada y es dirigida por Alejandra Aguado y Solana Molina Viamonte. Funciona gracias al generoso aporte de individuos e instituciones que comparten con nosotros la creencia de que los artistas son capaces de producir obras visionarias que tengan un impacto en nuestra manera de percibirnos y de percibir el mundo.

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