Existe una dimensión de lo urbano que es invisible, pero que nos acecha omnipresente; aparece en la memoria, configura los territorios más íntimos y perfila las identidades comunitarias. Se trata de la dimensión aural; el espacio que podemos percibir a través de la escucha, un espacio experiencias y encarnado. En ese horizonte sensitivo se sitúa el proyecto de investigación artística Monumentos Sonoros de Parque Patricios, una apuesta etnográfico que explora las tensiones socioespaciales de Parque Patricios, un barrio porteño atravesado por la transición entre su tradición industrial, la vida residencial y las formas contemporáneas de la gentrificación y tecnocracia.
El punto de partida del proyecto es una crítica al visuocentrismo dominante en el planeamiento tradicional y en general en las representaciones urbanas. Frente a la mirada cuantitativista que mide indicadores y zonifica las actividades permitidas en la ciudad, esta investigación apela a la escucha cotidiana, ordinaria, para habitar la ciudad desde sus resonancias más íntimas. Parque Patricios se descubre así como un territorio en disputa donde los sonidos –el murmullo atrás de una puerta, el eco de las ex-fábricas o las frecuencias oscilantes de los vendedores ambulantes– constituyen formas vivas de resistencia y apropiación simbólica. A través de una serie de paseos sonoros y entrevistas semiestructuradas, se propone una metodología constructivista y relacional con el fin de situar a los vecinos como co-creadores de una narrativa aural colectiva.

El aporte central del proyecto radica en desplazar la noción del mapa como un objeto estático o repositorio unívoco y cerrado para concebirlo como una práctica procesual y performativa (mapping). Para materializar esta transición, la investigación despliega un dispositivo cartográfico tripartito donde convergen lo epistemológico, lo tecnológico y lo estético.

En primer lugar, el proyecto se apoya en una interfaz digital que funciona como un archivo abierto georreferenciado que preserva las grabaciones de campo, microhistorias, fotografías y testimonios, expandiendo la memoria barrial en un repositorio dinámico. En segundo lugar, se utiliza una cartografía expandida que traslada estas voces al plano físico mediante la intervención directa con afiches diseñados a escala 1:1. Pegados en los muros, esquinas, vidrieras, rincones elegidos por los vecinos, estos afiches incorporan testimonios y códigos QR que enlazan con el archivo sonoro digital, interpelando el andar cotidiano de los transeúntes e inscribiendo una contra-cartografía que elude el discurso oficial. El proyecto incorpora un mapa-partitura gráfica que abstrae las tensiones urbanas mediante una notación experimental –vectores, colores y tipografías– que articula los “territorios acústicos” del barrio, ofreciendo una representación poética y relacional del espacio vivido.
Esta articulación metodológica cristaliza en la resignificación conceptual de la idea convencional de “monumento”. Mientras que el monumento tradicional evoca la fijeza pétrea y la memoria impuesta desde las esferas del poder, los “monumentos sonoros” de Parque Patricios son efímeros, relacionales e invisibles. Emergen de las prácticas cotidianas y devuelven a los vecinos la posibilidad de agencia sobre su propia memoria socioespacial.

En términos de impacto, la investigación opera como un auténtico intersticio socioespacial que promueve el “estar-juntos”. Al distanciar la práctica acústica de la lógica normativa de los mapas de ruido convencionales o del simple ornamento estético, el proyecto democratiza la producción del conocimiento urbano. Monumentos Sonoros de Parque Patricios nos incentiva a pensar que mapear el sonido no es una mera tarea de registro, sino un acto político que subvierte las normativas del espacio corporativo y tecnocrático para reinstaurar el derecho de la comunidad a nombrar, escuchar y significar su propio territorio.